Una mirada al papel del hermano mayor en la parábola del hijo pródigo y su relevancia en la vida de fe actual.

Al leer la parábola del hijo pródigo, es común centrar nuestra atención en el hijo menor que abandona su hogar y malgasta su herencia. No obstante, al profundizar en las palabras de Jesús, se revela que el conflicto en la historia va más allá del hijo que se fue. El hijo mayor, quien nunca se alejó físicamente, también estaba distante del corazón del padre.

Una comprensión limitada del hogar

Tanto el hijo menor como el mayor parecen haber entendido mal lo que significa estar en casa. El menor pensaba en su ‘parte’ de la herencia, mientras que el padre le hablaba al mayor de que “todo lo que tengo es tuyo”. Esta diferencia en la percepción nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el Padre celestial.

En la Iglesia, a menudo podemos ser como el hermano mayor, cumpliendo tareas y obligaciones, pero sin captar el corazón del Padre. Es fácil caer en la rutina de servir y olvidar lo que realmente ocupa el corazón de Dios. Mientras el hijo mayor trabajaba, el padre miraba al horizonte, esperando al hijo perdido.

El peligro de la contabilidad espiritual

El hijo mayor expresó su frustración al decir: “Hace tantos años que te sirvo…”. Esto refleja una actitud de trabajador más que de hijo. En nuestra vida espiritual, podemos caer en la trampa de contabilizar lo que hacemos para Dios, olvidando que el verdadero llamado es estar en comunión con Él.

“Todo lo que tengo es tuyo”, decía el padre al hijo mayor, quien no había aprendido a disfrutar de esta abundancia.

El relato termina sin revelarnos si el hermano mayor finalmente entró a la fiesta. Esta omisión nos deja una pregunta abierta sobre nuestra disposición a entender y aceptar la gracia del Padre. La historia nos recuerda que el centro es siempre el Padre. Tanto el hijo que se fue como el que se quedó necesitan volver a conectarse con Él.

Antes que servidores, somos hijos. Volvamos todos a conocer el corazón del Padre, porque la mesa siempre fue suya y Él nos invita a todos a sentarnos juntos en ella.


Con información de La Corriente.

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