María José Hooft explora en su libro cómo la vulnerabilidad puede sanar o lastimar, dependiendo de cómo se exprese.
En tiempos donde la exposición personal se valora casi como una virtud, María José Hooft aborda en su obra La valentía de ser vulnerables una reflexión sobre los peligros de una transparencia mal entendida. La autora advierte que no siempre compartir lo que sentimos es una acción sabia o sanadora.
Cuando la sinceridad puede herir
Hooft narra una experiencia durante un retiro en Tandil, donde una participante, al intentar ser sincera, terminó causando dolor con sus palabras. Este episodio ilustra cómo, en ocasiones, lo que parece ser una apertura genuina puede derivar en un “sincericidio”, un término que Hooft utiliza para describir la falta de discernimiento al compartir nuestras emociones.
La autora enfatiza que la verdadera vulnerabilidad requiere límites y sabiduría, recordando que no todo lo que es cierto debe ser dicho en todo momento. Como explica Hooft, “cuando revelamos nuestro interior de manera indiscreta, sin sabiduría o por las razones equivocadas, hacemos y nos hacemos daño”.
Diferenciando vulnerabilidad de victimización
La obra también distingue entre vulnerabilidad y victimización. Hooft subraya que la queja busca alivio momentáneo, mientras que la vulnerabilidad verdadera persigue la conexión y la transformación. Esta diferencia crucial se basa en la intención detrás de nuestras acciones: ¿buscamos sanar o simplemente atención?
“Ser vulnerables no es lo mismo que usar la vulnerabilidad”, afirma Hooft, señalando la importancia de las motivaciones al compartir nuestras vivencias.
La autora concluye con la idea de que cuidar el corazón significa ser sabios al decidir qué compartir y con quién. Las palabras deben ser dichas con amor y sabiduría, buscando siempre una conexión auténtica y no simplemente una exposición.
Con información de La Corriente.







