El pastor chino Ezra Jin Mingri, fundador de la Iglesia Sion de Pekín y uno de los líderes más reconocidos del movimiento de iglesias domésticas en China, fue liberado de prisión y trasladado a Estados Unidos, menos de dos meses después de que el presidente estadounidense Donald Trump planteara su caso ante el mandatario chino Xi Jinping.

La liberación se produjo el sábado y coincidió con el Día de la Independencia de Estados Unidos, en un gesto que, según organizaciones cristianas de defensa de derechos humanos, fue presentado por las autoridades chinas como una señal de buena voluntad tras las conversaciones entre ambos gobiernos.

Jin llegó a Los Ángeles, donde ya pudo reunirse con su familia después de años de separación.

De acuerdo con ChinaAid, organización cristiana con sede en Texas que monitorea la persecución religiosa en China, el pastor fue liberado directamente desde su lugar de detención y enviado a Estados Unidos.

La familia de Jin expresó gratitud por su liberación y agradeció la intervención de Trump, señalando que el desenlace no habría sido posible sin una decisión directa de las máximas autoridades chinas.

También manifestaron su esperanza de que este caso marque un cambio positivo para las personas de fe en China y para las relaciones entre Beijing y Washington.

La noticia fue recibida con alivio por defensores de la libertad religiosa, aunque muchos recordaron que otros líderes y miembros de la Iglesia Sion continúan detenidos.

El caso de Ezra Jin había cobrado visibilidad internacional después de que su hija, Grace Jin Drexel, residente en Estados Unidos, pidiera públicamente que el gobierno estadounidense intercediera por su padre.

En mayo, ella y Sebastien Lai, hijo del empresario y activista prodemocracia de Hong Kong Jimmy Lai, expresaron su esperanza de que Trump mencionara ambos casos durante su visita a China.

Tras regresar de Pekín, Trump confirmó que había planteado ante Xi Jinping tanto la situación de Jin como la de Lai. Según relató a la prensa, el presidente chino dijo que consideraría seriamente el caso del pastor, aunque describió el de Lai como más difícil.

Semanas después, Jin fue liberado.

Ezra Jin, de 56 años, fundó la Iglesia Sion en 2007, luego de estudiar en el Seminario Teológico Fuller, en California. Su historia de fe comenzó después de participar en las protestas de la plaza de Tiananmén en 1989.

Con el tiempo, la congregación se convirtió en una de las iglesias domésticas más grandes de China, llegando a reunir a miles de creyentes.

A diferencia de las iglesias registradas bajo control estatal, las iglesias domésticas chinas suelen funcionar de manera independiente, sin someterse plenamente a las estructuras religiosas supervisadas por el Partido Comunista.

Esa independencia las coloca frecuentemente bajo presión de las autoridades.

En 2018, las autoridades chinas clausuraron la sede de la Iglesia Sion en Pekín después de que la congregación se negara a instalar equipos de vigilancia exigidos por el gobierno.

Tras el cierre, la iglesia continuó reuniéndose en línea mediante plataformas como Zoom, YouTube y WeChat, llegando a congregar a miles de participantes en reuniones virtuales.

Jin trasladó a su familia a Estados Unidos por razones de seguridad, pero decidió regresar a China a pesar de los riesgos. Su hija contó que llevaba seis años sin verlo.

El pastor fue detenido en octubre de 2025 en su domicilio de Beihai, en la provincia de Guangxi, en el sur de China.

En esos mismos días, cerca de 30 líderes y miembros de la Iglesia Sion fueron arrestados o reportados como desaparecidos en distintas ciudades, incluyendo Pekín, Shanghái y Shenzhen.

El operativo fue considerado una de las ofensivas más importantes contra una sola iglesia doméstica china en décadas, y generó preocupación internacional por un posible endurecimiento de la represión religiosa.

Varios abogados que defendían a los detenidos también enfrentaron presiones. En marzo, las autoridades revocaron la licencia del abogado Zhang Kai, quien había representado a Jin, y otros defensores recibieron suspensiones o advertencias.

Bajo el gobierno de Xi Jinping, China ha profundizado su política de “sinicización” de la religión, que exige que las comunidades religiosas se alineen con los valores, símbolos y liderazgo del Partido Comunista.

Para muchas iglesias domésticas, esto representa una presión directa sobre la autoridad de Cristo y la libertad de adoración.

Grace Jin Drexel declaró ante un comité del Congreso estadounidense que su padre fundó la Iglesia Sion para que los creyentes pudieran adorar libremente en una congregación que reconociera a Dios como su única cabeza.

Esa convicción es precisamente lo que ha convertido a muchas iglesias domésticas chinas en blanco de vigilancia, restricciones y detenciones.

Aunque la liberación de Ezra Jin fue celebrada como una victoria importante, organizaciones de derechos humanos recordaron que el caso está lejos de cerrarse.

Maya Wang, de Human Rights Watch, señaló que al menos ocho miembros de la Iglesia Sion continuarían detenidos en China y pidió que todos sean liberados.

En las últimas semanas, Jin había logrado recibir una Biblia dentro del centro de detención de Beihai, después de una impugnación legal. Luego, otro pastor detenido de la congregación, Sun Cong, también recibió acceso a una Biblia tras una apelación presentada por su abogado.

Para los defensores de la libertad religiosa, estos pequeños avances muestran tanto la presión que enfrentan los creyentes como la importancia de mantener la atención internacional sobre sus casos.

La llegada de Ezra Jin a Estados Unidos representa un momento de enorme alivio para su familia, su iglesia y quienes han seguido su caso desde el extranjero.

Pero también recuerda una realidad más amplia: miles de cristianos en China continúan viviendo bajo restricciones, vigilancia y temor por reunirse, predicar o servir fuera del control estatal.

La liberación del pastor Jin muestra que la presión diplomática puede tener efectos concretos. Sin embargo, la situación de sus compañeros detenidos indica que la Iglesia perseguida en China sigue necesitando oración, defensa pública y solidaridad internacional.

Para los cristianos, el caso deja una imagen poderosa: un pastor que fundó una iglesia para adorar libremente a Cristo fue encarcelado, presionado y separado de su familia, pero finalmente salió en libertad.

Su historia no termina solo con una llegada a Los Ángeles. También queda como un llamado a seguir orando por los creyentes que aún permanecen tras las rejas en China.

11 Visitas totales
10 Visitantes únicos
Acciones:
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *