Líderes evangélicos en Canadá expresaron preocupación tras la aprobación del Proyecto de Ley C-9, una reforma que elimina una defensa legal vinculada a expresiones religiosas hechas de buena fe en casos relacionados con la promoción deliberada del odio.
La Fraternidad Evangélica de Canadá advirtió que el cambio podría tener consecuencias importantes para la libertad religiosa y la libertad de expresión, especialmente cuando creyentes, pastores o líderes cristianos aborden temas bíblicos considerados controvertidos por otros sectores de la sociedad.
Hasta ahora, la legislación permitía que una persona acusada por determinadas declaraciones pudiera alegar como defensa que sus palabras fueron expresadas de buena fe, en el marco de una creencia religiosa. Con la nueva ley, esa protección desaparece.
La inquietud de los evangélicos no gira en torno a la defensa del odio, sino al temor de que enseñanzas religiosas tradicionales puedan ser reinterpretadas como expresiones ilegales si resultan ofensivas o controversiales para algunos grupos.
La Fraternidad Evangélica de Canadá había pedido que se mantuviera la defensa basada en la creencia religiosa de buena fe y que el proyecto no avanzara en los términos planteados.
Para la organización, el problema está en que la eliminación de esta protección puede generar incertidumbre sobre qué tipo de expresiones religiosas quedarán plenamente resguardadas en el futuro.
La EFC señaló que seguirá monitoreando los efectos de la ley y continuará defendiendo la libertad de religión y de creencias en el país.
La reforma no elimina todas las defensas disponibles frente a una acusación de promoción deliberada del odio.
Según la información difundida, todavía se mantienen defensas como demostrar que las declaraciones eran verdaderas, que fueron expresadas sobre un asunto de interés público o que se citaron con el propósito de criticarlas.
Sin embargo, para los líderes religiosos, la eliminación específica de la defensa de creencia religiosa de buena fe representa una señal preocupante.
La EFC recordó que ha habido pocos casos de personas acusadas de promover odio deliberadamente, en parte porque la ley exige probar una intención clara de promover odio contra un grupo identificable. Además, la normativa no se aplica a conversaciones privadas.
Aun así, la preocupación se concentra en el posible efecto a largo plazo de la reforma: que el concepto de “promoción deliberada del odio” termine ampliándose de manera que afecte discursos religiosos legítimos.
El ministro de Justicia de Canadá sostuvo que la nueva ley no impedirá que las personas oren, prediquen, enseñen, interpreten las Escrituras o expresen creencias religiosas de buena fe sin temor a sanciones penales.
Pero los evangélicos consideran que esa aclaración debería quedar expresada con mayor firmeza en el marco legal.
La Fraternidad Evangélica afirmó que vería con buenos ojos un enfoque que dejara claramente establecido que la práctica y expresión de creencias religiosas de buena fe no constituye un delito de odio.
Para muchos cristianos, la diferencia entre una promesa política y una protección legal concreta es clave. Las declaraciones oficiales pueden ser tranquilizadoras, pero una ley ambigua puede generar autocensura en iglesias, escuelas cristianas, ministerios y líderes religiosos.
Antes de la aprobación del proyecto, la política finlandesa Päivi Räsänen había advertido sobre los riesgos de limitar la expresión religiosa.
Räsänen conoce de cerca ese tipo de procesos. En Finlandia enfrentó una larga batalla judicial por expresar convicciones cristianas sobre sexualidad y matrimonio, incluyendo un tuit con un pasaje bíblico y un folleto escrito años atrás.
Su caso se convirtió en símbolo internacional para muchos cristianos preocupados por la libertad de predicar y citar la Biblia en sociedades cada vez más sensibles a temas morales y culturales.
Para sectores evangélicos en Canadá, su experiencia muestra que incluso en democracias occidentales pueden surgir procesos legales contra creyentes por expresar doctrinas cristianas históricas.
La discusión en torno al Proyecto de Ley C-9 refleja una tensión creciente en Occidente: cómo combatir el odio real sin convertir la expresión religiosa en un campo minado legal.
Los cristianos evangélicos insisten en que el Estado debe perseguir amenazas, violencia y hostigamiento verdadero. Pero también advierten que una sociedad libre debe proteger el derecho de las comunidades religiosas a predicar, enseñar y sostener convicciones bíblicas, incluso cuando esas convicciones no sean populares.
La preocupación no es menor. En una cultura donde ciertos temas pueden generar reacciones intensas, muchos pastores y creyentes temen que la predicación bíblica sea tratada como discurso dañino simplemente por contradecir las ideas dominantes.
La Fraternidad Evangélica de Canadá afirmó que monitoreará el impacto de la ley y seguirá abogando por la libertad religiosa.
La organización reconoció que todavía no está claro cuál será el efecto real de la eliminación de la defensa religiosa, ni si los tribunales interpretarán la reforma de forma limitada o amplia.
Mientras tanto, el caso deja una advertencia para las iglesias: la libertad de expresión religiosa no debe darse por garantizada, incluso en países con larga tradición democrática.
Para los evangélicos canadienses, el desafío será seguir predicando con fidelidad, defendiendo la libertad de conciencia y recordando que una sociedad verdaderamente plural no protege solo las ideas aceptadas por la cultura dominante, sino también aquellas que pueden resultar incómodas.






