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Mientras millones de personas cuentan los días para el inicio del torneo más importante del planeta, Vimar decidió aprovechar este evento que une culturas, generaciones y países para compartir un mensaje que trasciende cualquier resultado deportivo: el mensaje del Evangelio.
Cada cuatro años el mundo parece detenerse. Las calles se llenan de banderas, las conversaciones giran alrededor de los partidos y millones de personas comparten una misma emoción. El Mundial tiene la capacidad de unir a familias, amigos e incluso desconocidos detrás de una misma pasión.
En ese contexto, Vimar encontró una oportunidad única con “Vimar Selección” para seguir haciendo lo que ha caracterizado a la marca durante años: sembrar la Palabra de Dios en lugares inesperados.
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Así nació su nueva edición mundialista “Vimar Selección”, una propuesta que combina la pasión futbolera con mensajes de fe impresos en cada envoltorio.
Porque para la empresa, el objetivo nunca fue solamente fabricar alfajores. El verdadero propósito sigue siendo anunciar a Cristo.
A simple vista el “Vimar Selección” parece un alfajor más dentro de la enorme variedad de productos inspirados en el Mundial.
Sin embargo, hay algo que lo diferencia. Cuando el consumidor adquiere su alfajor, además de encontrarse con un producto pensado para acompañar los partidos, descubre también un versículo bíblico o una frase inspirada en la fe.
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De esta manera, un momento tan cotidiano como compartir una merienda mientras se mira un encuentro deportivo, puede transformarse en una oportunidad para reflexionar sobre Dios.
En una época donde abundan los mensajes comerciales, Vimar eligió imprimir mensajes eternos.
El Mundial nos recuerda historias de esfuerzo, sacrificio, perseverancia y victoria. Sin embargo, para los hijos de Dios existe una victoria aún más grande que cualquier copa levantada en una cancha.
Hace más de dos mil años se disputó el partido más importante de la historia. Un partido donde el pecado parecía tener la ventaja, donde la humanidad parecía condenada a la derrota y donde la esperanza parecía agotarse.
Pero Cristo venció. Su muerte y resurrección cambiaron para siempre el destino de quienes creen en Él. Mientras millones sueñan con ganar una copa que dura para siempre en las vitrinas de la historia, el Evangelio nos recuerda una victoria eterna que transforma corazones y vidas.
Quizás por eso esta propuesta de Vimar resulta tan particular: en medio de la pasión mundialista, invita a recordar que existe un triunfo mucho más importante que cualquier campeonato.
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