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Mientras gran parte de Europa atraviesa un regreso a la espiritualidad, en España ocurre un fenómeno que ya nadie puede ignorar: la Iglesia evangélica está creciendo de manera sostenida.

Y cuanto más crece, más ataques recibe.

En los últimos años, distintos medios, programas de televisión y sectores políticos comenzaron a instalar un discurso cada vez más repetido: que las iglesias evangélicas son “sectas”, que representan “un peligro”, o que su crecimiento responde únicamente a inmigración y pobreza.

Pero cuando se analizan los datos reales, aparece otra historia.

Según datos del Observatorio del Pluralismo Religioso y de FEREDE, las iglesias evangélicas pasaron de tener poco más de 3.300 lugares de culto en 2012 a superar los 4.700 templos en 2025.

Eso significa que en poco más de una década se abrieron más de 1.400 iglesias nuevas en España.

El crecimiento es tan fuerte que hoy la comunidad evangélica es la confesión religiosa minoritaria más grande del país, por encima de otras religiones históricas en el continente.

En ciudades como Madrid, el fenómeno ya es imposible de ocultar. Informes recientes indican que la capital española cuenta con más de 850 iglesias evangélicas y que muchas zonas urbanas están experimentando una expansión constante de congregaciones.

Algunos medios españoles incluso reconocieron que en ciertas áreas metropolitanas las iglesias evangélicas ya duplican el número de parroquias católicas nuevas abiertas en las últimas décadas.

El dato más impactante quizá sea este: en apenas 30 años, la población evangélica en España pasó del 0,2% al 2% de la población nacional.

Eso representa cientos de miles de personas nuevas identificándose con la fe evangélica.

FEREDE estima actualmente alrededor de 1,5 millones de creyentes evangélicos participando regularmente de iglesias en España.

Y aunque gran parte del crecimiento comenzó con comunidades inmigrantes latinoamericanas, hoy el fenómeno atraviesa todas las clases sociales y generaciones.

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La respuesta probablemente sea más cultural que religiosa.

Durante décadas, muchos sectores pensaron que el cristianismo evangélico desaparecería en Europa con el avance de la secularización. Pero ocurrió lo contrario: mientras muchas estructuras religiosas tradicionales perdían fuerza, las iglesias evangélicas comenzaron a crecer en barrios, ciudades y plataformas digitales.

Y eso rompió varios prejuicios.

Porque el discurso que intenta reducir las iglesias a “religión de inmigrantes” o “fe de pobres” no logra explicar por qué cada vez más jóvenes españoles, profesionales, artistas y familias se acercan a comunidades evangélicas.

Tampoco explica por qué tantas iglesias están creciendo en pleno contexto secular.

Hay otro punto que muchos señalan: el doble estándar.

Cuando otros movimientos sociales o culturales crecen gracias a la diversidad migratoria, los medios suelen celebrarlo como multiculturalismo y riqueza social. Pero cuando el crecimiento viene de iglesias evangélicas, inmediatamente aparecen términos como “preocupante”, “peligroso” o “ultraconservador”.

De hecho, en 2025, un programa emitido por RTVE calificó públicamente el crecimiento evangélico como algo “preocupante” y “peligroso”, generando fuertes críticas desde entidades cristianas y defensores de la libertad religiosa.

La pregunta es inevitable: ¿desde cuándo el crecimiento de una comunidad religiosa democrática y legal se transforma en una amenaza?

Otro dato que suele omitirse es el enorme trabajo social que realizan las iglesias evangélicas en España.

Muchas congregaciones funcionan como redes de contención para inmigrantes, familias vulnerables, personas con adicciones, desempleados y jóvenes en crisis emocional.

Comedores, ayuda social, acompañamiento espiritual, rehabilitación y apoyo comunitario forman parte del trabajo cotidiano de miles de iglesias que rara vez aparecen en las portadas.

Quizás lo más incómodo para ciertos sectores no sea la religión en sí misma, sino el hecho de que la Iglesia evangélica logró crecer sin depender del respaldo cultural dominante.

Creció en silencio. Sin grandes estructuras históricas. Sin poder político. Y muchas veces soportando burlas y prejuicios.

Pero hoy los números hablan solos.

Más iglesias. Más jóvenes. Más presencia pública. Más influencia cultural.

Y cuanto más evidente se vuelve ese crecimiento, más difícil resulta seguir fingiendo que el fenómeno no existe.

El libro de los Hechos describe que mientras algunos perseguían y desprestigiaban a la Iglesia, “la palabra del Señor crecía y se multiplicaba” (Hechos 12:24).

La historia parece repetirse. En medio de críticas, caricaturas y campañas de miedo, miles de personas en España siguen encontrando esperanza, propósito y transformación en el evangelio. Porque cuando una obra es solamente humana, el tiempo la apaga. Pero cuando Dios está detrás de ella, ni el desprecio cultural ni los ataques mediáticos logran detenerla.

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