Jeff Woodke pasó seis años en cautiverio en el desierto del Níger tras ser secuestrado por terroristas en 2016. Su fe fue su sostén durante este difícil periodo.

Jeff Woodke dedicó gran parte de su vida al trabajo misionero en el Níger, hasta que en 2016 fue secuestrado por un grupo terrorista. Misionero de la JOCUM, Woodke pasó seis años en un cautiverio en el desierto de África Occidental, hasta su liberación en 2023. Desde entonces, ha tenido que enfrentarse al desafío de reintegrarse a su vida familiar y someterse a tratamiento postraumático.

El secuestro y los años de aislamiento

El secuestro ocurrió el 14 de octubre de 2016, durante un violento ataque a su residencia en la ciudad de Abalak. A pesar de los intentos de los guardias por protegerlo, no lograron evitar que los radicales islámicos lo capturaran. “Ellos me golpearon brutalmente, me drogaron y me subieron a un vehículo”, relató Jeff. Durante dos meses, estuvo confinado en una pequeña caja, sin apenas contacto humano, lo que lo llevó a perder la noción del tiempo.

En sus primeras oraciones, Jeff pedía ser rescatado, incluso si eso significaba perder la vida. “Sería más fácil para mi familia y para mí”, comentó. Sin embargo, eso no sucedió, y comenzó un largo periodo de aislamiento, encadenado al aire libre, enfrentándose a temperaturas extremas y condiciones inhumanas.

Conflictos internos y la búsqueda de fe

Durante su cautiverio, Jeff experimentó momentos de profunda desesperación y cuestionó su fe. “Estaba muy enojado con Dios”, confesó, llegando a pedirle a Dios que lo llevara con Él. Sin embargo, este conflicto interno lo llevó a una revelación: “Si estoy enojado con Dios, debe haber alguien en quien creer”. Esta reflexión lo llevó a descubrir que, aunque había perdido su religión, su fe había salido fortalecida. “Dios no fue quien me hizo sufrir, sino las decisiones de las personas”, afirmó.

Al ser liberado, Jeff enfrentó nuevos desafíos al regresar a una vida en libertad, especialmente al enterarse de la pandemia de Covid-19. Creyó que su familia podría haber muerto, lo que incrementó su angustia. Sin embargo, con el apoyo de su fe, terapia y su familia, ha comenzado a reconstruir su vida. “Lo que Dios hizo fue algo mucho mayor. Dios me ayudó a superar todo, y esa es mi fe”, testificó.


Con información de Gospel Prime (Brasil). Traducción y edición de Portal de Fe.

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