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El film es considerado uno de los más recordados y mejor valorados en la historia del cine de superhéroes, no solo por los fanáticos del personaje, sino también por quienes disfrutan de la fotografía, las historias y los guiones que transmiten mucho más que una simple trama de acción.

Después de que su antecesora, Spider-Man, arrasara en la taquilla y recibiera excelentes críticas, una frase quedó resonando en las salas de cine: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad».

El romanticismo del héroe indomable e indestructible, que siempre salva el día y, para completar la historia, se queda con la chica, ha sido un clásico desde las primeras apariciones de personajes como El Zorro o Superman. Pero, en el caso de Peter Parker, el juego es distinto.

No puede realizarse, nunca llega a tiempo, casi no duerme y siente que no progresa, porque quien disfruta de los beneficios es su alter ego arácnido: Spider-Man. Sin embargo, debajo del traje sigue estando el humilde y sensible Peter.

Esta segunda película refuerza esa idea hasta demostrar que Spider-Man termina siendo una carga para la verdadera identidad de Peter. Él no comenzó su camino como héroe simplemente por haber obtenido superpoderes, sino porque decidió hacerse responsable de ellos.

En uno de los momentos centrales de la historia, Spider-Man comienza a perder sus poderes. Su deseo de tener una vida normal, de no sentirse solo y de ser aceptado termina apagando al héroe que lleva dentro.

Su superfuerza desaparece, ya no puede lanzar telarañas y sus problemas de visión regresan, obligándolo nuevamente a usar anteojos. Aunque disfruta de volver a ser el antiguo Peter, cómodo, libre y aparentemente feliz, parece querer olvidar que dentro de él sigue habitando un gran poder. No desapareció; simplemente quedó dormido.

No vamos a profundizar en el desenlace de la película, pero sí vale la pena detenernos en una de sus escenas más memorables. Peter visita a su tía May, quien, debido a problemas económicos, se ve obligada a mudarse.

Al llegar, conoce a Henry, un niño vecino que la está ayudando con la mudanza. El pequeño comenta que Spider-Man debería regresar. Entonces, la tía May, con la dulzura y sabiduría que la caracterizan, pronuncia uno de los monólogos más profundos de toda la película:

Y continúa:

Estas palabras profundizan el significado de aquella frase que marcó la saga: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Cuando descubrimos el propósito para el cual fuimos llamados, ya no podemos volver a vivir como antes, aunque muchas veces lo deseemos.

En este punto podemos mirar nuestra propia vida en Cristo.

Así como Peter Parker, muchas veces buscamos desesperadamente una vida cómoda, tranquila y sin demasiadas responsabilidades. Sin embargo, quienes hemos recibido a Cristo llevamos dentro de nosotros al mayor Héroe de todos los tiempos: Aquel que entregó Su vida en la cruz, renunció a Sí mismo, soportó la humillación y murió para salvar a toda la humanidad.

«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…» (Gálatas 2:20).

Aferrarnos a una vida sin Su poder es intentar volver atrás. Quizás caminar con Él implique sacrificio, renuncia y dificultades, pero también significa vivir conforme a Su voluntad.

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.»

La recompensa que Dios ofrece no se parece a la que busca nuestra carne. No consiste en satisfacer nuestros propios deseos, sino en amar, servir y entregar nuestra vida por los demás.

«Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.»

No está en nuestras manos salvar a las personas, y Spider-Man 2 también deja esa enseñanza. No es Peter quien cambia al mundo por sus propias fuerzas; es el poder que lleva dentro el que lo impulsa a asumir la responsabilidad de su llamado.

Nosotros también llevamos dentro el poder más grande que existe: la presencia del Espíritu Santo. Comprometernos con la verdad del Evangelio significa permitir que Cristo se manifieste a través de nuestra vida para que otros puedan conocerlo.

Si tu ego, tu comodidad o tus propios deseos están apagando el poder que ya habita en vos, quizás sea tiempo de renunciar a aquello que más amás para que Cristo, el Héroe por excelencia, te haga íntegro, te fortalezca, te haga noble y te permita vivir una vida que realmente valga la pena.

«Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará.»

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