Una cafetería impulsada por una iglesia evangélica libre en Leipzig, Alemania, cerrará sus puertas a finales de junio después de sufrir 26 ataques y actos de sabotaje atribuidos a sectores radicales.

El local, llamado Stay, había sido inaugurado en 2024 por la Iglesia Zeal, una congregación evangélica de teología conservadora y estilo contemporáneo. Su objetivo era funcionar como un espacio de encuentro, conversación y servicio a la comunidad. Sin embargo, desde su apertura se convirtió en blanco constante de hostilidad.

Según explicó el pastor René Wagner, los ataques incluyeron vidrios rotos, grafitis amenazantes, daños materiales y hasta el uso de sustancias tóxicas contra el local. Uno de los episodios más graves ocurrió durante Navidad, cuando un ataque con ácido butírico provocó daños estimados en unos 20.000 euros.

La cafetería también fue señalada en redes sociales por grupos extremistas que acusaban a la iglesia de “homofobia” por sostener una visión cristiana tradicional sobre la sexualidad humana.

Durante un servicio dominical, Wagner comunicó a la congregación la difícil decisión de cerrar el proyecto. Reconoció que el proceso fue doloroso, no solo por la carga económica, sino también por las noches sin dormir, la presión emocional y la pérdida de empleos vinculados al negocio.

Sin embargo, el pastor insistió en que el cierre no representa una derrota espiritual.

“Los extremistas de izquierda de Leipzig no han ganado”, afirmó ante la iglesia. “No han cerrado ni una sola iglesia. No han detenido a ninguna congregación. No han impedido ningún avivamiento. No han disuadido a ninguna persona de encontrarse con Jesús”.

Wagner fue directo: lo que termina es una cafetería. Lo que permanece es la iglesia.

La frase resume el tono con el que la congregación busca atravesar esta etapa: sin negar el daño sufrido, pero sin permitir que la persecución defina su identidad ni apague su misión.

El caso de Stay refleja una tensión creciente en Alemania, donde algunas iglesias evangélicas conservadoras han comenzado a recibir mayor atención pública, tanto de medios de comunicación como de grupos ideológicos.

Wagner señaló que, durante décadas, los cristianos conservadores en Alemania fueron considerados irrelevantes para buena parte de la cultura dominante. Pero eso está cambiando.

Según el pastor, el hecho de que existan documentales, coberturas críticas y campañas contra iglesias como la suya muestra que el cristianismo bíblico vuelve a ser visible. Y esa visibilidad, aunque traiga oposición, también puede abrir puertas para el testimonio.

“Ahora nos notan, nos escuchan, nos ven”, expresó.

Para la Iglesia Zeal, la hostilidad no es una señal de fracaso, sino una evidencia de que el mensaje cristiano sigue incomodando a sectores que prefieren una fe silenciosa, privada y culturalmente domesticada.

A pesar de la gravedad de los ataques, Wagner llamó a la congregación a no responder con amargura ni resentimiento.

El pastor afirmó que la iglesia defenderá sus derechos, exigirá justicia y buscará que quienes cometieron delitos rindan cuentas. Pero aclaró que la respuesta cristiana no puede ser el odio ni la venganza.

“No miramos atrás con amargura, resentimiento ni odio. No respondemos con odio; no contraatacamos”, dijo.

También recordó que el futuro de la iglesia está en manos de Dios y del Espíritu Santo. Para Wagner, la congregación debe mirar hacia adelante con fe, confiando en que Jesús sigue edificando Su Iglesia aun en medio de la oposición.

El pastor citó una frase atribuida a Billy Graham: no existe mala publicidad para el Evangelio. En ese sentido, advirtió que las críticas contra la iglesia probablemente continuarán, pero animó a los creyentes a no sorprenderse.

Wagner interpretó los ataques como parte de una realidad espiritual más profunda. Según dijo, cuando personas llegan a la fe y vidas son transformadas por Cristo, eso produce resistencia.

La Iglesia Zeal, como otras iglesias libres en Alemania, realiza cultos dominicales, estudios bíblicos, discipulado y diferentes ministerios enfocados en formar creyentes y anunciar el Evangelio.

Para su pastor, el cierre de Stay no cambia esa misión.

“Jesús está construyendo Su casa, Su Iglesia, y eso no cambiará”, afirmó.

En los últimos meses, decenas de personas apoyaron una campaña de recaudación de fondos para sostener la cafetería, logrando reunir más de 31.000 euros. Aun así, el costo económico y emocional de mantener el proyecto abierto se volvió demasiado alto.

El caso también generó preguntas hacia las autoridades locales. Después de uno de los ataques ocurridos en Navidad, el gobierno de Leipzig recibió consultas sobre la necesidad de proteger derechos constitucionales, incluida la libertad religiosa.

La respuesta oficial generó polémica. Las autoridades señalaron que, según la reivindicación del ataque, el objetivo no habría sido la libertad religiosa en sí, sino una cafetería comercial que financiaba a una comunidad religiosa y cuya postura sobre la homosexualidad era rechazada por los agresores.

Aun así, el Ayuntamiento de Leipzig condenó la violencia y los daños a la propiedad, afirmando que no existe justificación para este tipo de ataques y que deben ser investigados por la policía.

También señaló que espacios de encuentro como una cafetería deben poder funcionar sin amenazas, y que la ciudad tiene interés en proteger la convivencia pacífica y la seguridad de las comunidades religiosas.

Lo ocurrido en Leipzig muestra una realidad cada vez más visible en distintos países europeos: cuando una iglesia sostiene públicamente convicciones bíblicas sobre temas sensibles, puede enfrentar presión social, campañas digitales y, en algunos casos, ataques directos.

Para la Iglesia Zeal, la respuesta no será esconderse ni diluir su mensaje. La cafetería cerrará, pero la congregación seguirá predicando, reuniéndose y llamando a las personas a encontrarse con Jesús.

El cierre de Stay deja una imagen fuerte: un proyecto comunitario puede ser golpeado por la violencia, pero la misión de la Iglesia no depende de un local, de un negocio ni de la aprobación cultural.

Los radicales lograron cerrar una cafetería. Pero, como recordó su pastor, no pudieron cerrar la Iglesia.

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