Un agente cristiano de la policía británica logró revertir una sanción que lo había dejado prácticamente fuera de su profesión después de hacer preguntas sobre el islam durante una capacitación obligatoria sobre diversidad.

El caso involucra a Luke Salmons, un oficial de apoyo comunitario de 46 años que trabajaba para la Policía de North Yorkshire, en el norte de Inglaterra. Salmons había sido suspendido, investigado y finalmente incluido en una lista que podía impedirle volver a trabajar en fuerzas policiales durante años, o incluso de manera permanente.

Su caso fue resuelto finalmente mediante un acuerdo extrajudicial en términos confidenciales, luego de que su despido fuera revocado en apelación. Sin embargo, el oficial aseguró que nunca recibió una disculpa de la institución.

El conflicto comenzó durante una sesión obligatoria de formación sobre raza, religión y cultura realizada en octubre de 2024 en la sede policial de Northallerton.

Según el testimonio de Salmons, la capacitación incluyó momentos que él percibió como adoctrinamiento, entre ellos la repetición de frases como “el islam es una religión de paz”. Durante la jornada, un sargento musulmán invitó a los participantes a hacer preguntas sobre temas sensibles.

Salmons preguntó entonces sobre Gaza, Hamás, el islamismo y el significado de la yihad. El sargento respondió sus preguntas e incluso lo invitó posteriormente a tomar un café para continuar la conversación.

Pero dos días después, el agente fue llamado por una inspectora, quien —según su versión— le dijo que no le gustaban sus creencias, le ordenó entregar su identificación policial y lo envió a su casa.

Al día siguiente fue suspendido formalmente.

Antes de la suspensión, dos compañeros encontraron en su casillero un libro titulado “Respondiendo a la yihad: un mejor camino a seguir”, escrito por Nabeel Qureshi, un exmusulmán convertido al cristianismo.

Los colegas fotografiaron el libro y lo reportaron a superiores como un posible “riesgo”.

Para Salmons y sus defensores, ese episodio refleja hasta qué punto ciertas instituciones pueden tratar con sospecha no solo las preguntas críticas, sino también materiales cristianos que abordan temas delicados como el islam, la violencia religiosa y la conversión.

Salmons permaneció suspendido con sueldo durante varios meses. En marzo de 2025 escribió a sus superiores explicando el impacto que el proceso estaba teniendo sobre su salud mental y su familia, y pidió regresar al trabajo.

No obtuvo respuesta.

En mayo decidió renunciar. Aun así, en julio se realizó una audiencia disciplinaria en su ausencia, donde fue declarado culpable de falta grave. Luego fue incluido en la lista de personas inhabilitadas del Colegio de Policía del Reino Unido, lo que podía impedirle ejercer nuevamente en el ámbito policial durante al menos cinco años.

La acusación sostenía que había expresado creencias incompatibles con la política institucional y que había intentado imponer sus ideas sobre el islam.

Con apoyo del Christian Legal Centre, Salmons apeló la decisión.

Durante la audiencia de apelación, el jefe de policía Tim Forber anuló la conclusión de falta grave antes de que el agente terminara de exponer su caso.

Forber reconoció que algunas intervenciones de Salmons pudieron haber incomodado a compañeros durante la formación, pero sostuvo que eso no constituía una falta grave ni una violación de las normas profesionales. También señaló que la situación podría haberse manejado mediante reflexión y diálogo, no mediante un proceso disciplinario.

Como resultado, Salmons fue retirado de la lista de inhabilitados.

Tras el desenlace, Salmons denunció que existe una cultura de temor dentro de ciertas instituciones británicas.

Según afirmó, muchas personas tienen miedo de preguntar o expresar opiniones por temor a las consecuencias profesionales. También sostuvo que las instituciones parecen particularmente temerosas cuando el tema en discusión es el islam.

Su caso, dijo, no fue un hecho aislado. Relató que en otra ocasión le pidieron escribir un artículo sobre la Pascua para la intranet interna de la policía por ser cristiano, pero luego le prohibieron incluir referencias bíblicas.

También afirmó que, durante una formación online sobre conducta sexual inapropiada en menores, fue cuestionado por sugerir que los niños criados en hogares familiares estables podían tener menor riesgo de desarrollar ciertas conductas problemáticas. Según su testimonio, un superior le dijo que no podía hablar de su moral en el trabajo.

Salmons llevó el caso ante un tribunal laboral alegando despido improcedente, discriminación religiosa, acoso y violaciones de sus derechos a la libertad de religión y expresión.

Aunque finalmente hubo acuerdo extrajudicial, sus defensores sostienen que el caso deja al descubierto una tensión creciente: instituciones que hablan de inclusión, pero que parecen castigar preguntas, convicciones cristianas o puntos de vista no alineados con una determinada sensibilidad ideológica.

Andrea Williams, directora ejecutiva del Christian Legal Centre, afirmó que este tipo de capacitaciones pueden convertirse en herramientas para imponer una visión estrecha, donde solo se permiten ciertas opiniones y el cuestionamiento legítimo es tratado como una amenaza.

El caso de Salmons no solo plantea preguntas sobre una capacitación policial. También abre un debate más amplio sobre libertad religiosa, libertad de expresión y el lugar de los cristianos en instituciones públicas cada vez más sensibles a temas de identidad, diversidad y religión.

Para sus defensores, la victoria en apelación fue importante, pero no borra el daño personal, profesional y económico que sufrió el oficial.

Salmons ya no trabaja en la policía. Actualmente se desempeña en una organización benéfica que ayuda a personas sin hogar, con un salario inferior al que tenía antes.

Aun así, su caso se convirtió en una advertencia pública: en nombre de la inclusión, una institución puede terminar excluyendo a quienes se atreven a preguntar, disentir o expresar convicciones cristianas.

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