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El Partido Comunista Chino (PCCh) avanza en su política de “sinización del cristianismo”, una estrategia impulsada por el presidente Xi Jinping para alinear la fe cristiana con los llamados “valores socialistas fundamentales”. En este contexto, el gobierno trabaja en una nueva versión de las Escrituras, denominada “Biblia Cristiana China”, con el objetivo de adaptar el contenido bíblico a la ideología oficial.

Aunque el proyecto aún no está finalizado, ya se han registrado modificaciones en textos bíblicos y materiales educativos religiosos en China. En 2018, tras el anuncio del plan quinquenal para la sinización, una iglesia aprobada por el Estado en la provincia de Henan eliminó el Primer Mandamiento: “No tendrás otros dioses delante de mí”.

Ese mismo año, en Hong Kong, se alteraron contenidos de enseñanza cristiana, eliminando referencias a “el Señor”, partes del Génesis y los primeros cuatro mandamientos. En 2019, algunas iglesias estatales comenzaron a sustituir los Diez Mandamientos por frases alineadas con el pensamiento político, incluyendo consignas vinculadas al liderazgo del Partido.

Uno de los casos más controvertidos involucra el pasaje de Evangelio de Juan 8:3-11. En un material educativo oficial, el relato fue modificado para presentar un final distinto, donde Jesús no solo cambia su mensaje, sino que termina ordenando la ejecución de la mujer, en contraste con el texto bíblico tradicional.

El Partido Comunista Chino mantiene una postura oficialmente atea desde su fundación y ha restringido históricamente las prácticas religiosas consideradas incompatibles con sus intereses. Durante el liderazgo de Mao Zedong, especialmente en la Revolución Cultural, las religiones fueron fuertemente reprimidas.

En la actualidad, el gobierno ha intensificado las medidas de control:

Además, iglesias no registradas —muchas de ellas clandestinas— enfrentan redadas, detenciones y cierres forzados.

Informes de organizaciones internacionales señalan que se han instalado sistemas de vigilancia en templos y creado bases de datos sobre creyentes. También se reporta la remoción de cruces en distintas regiones, reemplazadas por retratos de líderes políticos.

Líderes cristianos denuncian presiones, desapariciones y persecución, especialmente contra quienes se niegan a someterse a las estructuras religiosas controladas por el Estado.

A pesar de las restricciones, el cristianismo sigue creciendo en China. Estimaciones de investigadores y organizaciones religiosas indican que hay alrededor de 160 millones de cristianos, aunque las cifras reales podrían ser mayores debido a la actividad de iglesias no registradas.

Este crecimiento refleja un fenómeno notable: incluso bajo presión estatal, la fe cristiana continúa expandiéndose en distintas regiones del país.

La situación ha generado preocupación global en torno a la libertad religiosa en China. Sectores políticos en Estados Unidos han propuesto sanciones contra funcionarios involucrados en la represión religiosa, incluyendo medidas bajo la Ley Global Magnitsky.

Expertos en derechos humanos coinciden en que la estrategia del gobierno chino busca subordinar la religión al Estado, adaptando doctrinas, estructuras y prácticas a los lineamientos del Partido.

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