Un pastor evangélico del Reino Unido que había sido arrestado mientras predicaba en la vía pública en Bristol vio archivada la causa penal en su contra, en un caso que sus defensores consideran una victoria para la libertad de expresión y la predicación cristiana en espacios públicos.
El pastor Dia Moodley, de 58 años, había sido detenido en noviembre de 2025 en Broadmead, una zona céntrica de Bristol, bajo sospecha de haber cometido un delito de odio religioso y una infracción contra el orden público. La investigación se extendió durante más de cuatro meses, período en el que el pastor afirmó haber quedado prácticamente silenciado por temor a ser arrestado nuevamente.
Ahora, la policía de Avon y Somerset le informó que no tomará más acciones en su contra. Su equipo legal sostiene que el caso nunca debió avanzar y que se trató de una respuesta desproporcionada contra un predicador que estaba expresando sus convicciones religiosas.
El incidente ocurrió mientras Moodley predicaba en la calle sobre temas bíblicos y comparaba enseñanzas del cristianismo con el islam. También había hecho comentarios críticos sobre la ideología transgénero, un tema especialmente sensible en el debate público británico.
Durante la predicación, una persona intentó desconectar o quitar el cable de su sistema de sonido. Según las imágenes difundidas, Moodley reaccionó apartándola, tras lo cual la mujer llamó a la policía.
El pastor fue arrestado bajo sospecha de agresión y de un presunto delito de orden público con agravante religioso o racial. Permaneció varias horas detenido y luego fue liberado bajo fianza, inicialmente con condiciones que le impedían regresar al centro de Bristol durante varias semanas.
Más tarde, esas restricciones fueron levantadas.
Moodley asegura que el proceso tuvo un fuerte impacto sobre su ministerio público. Por temor a una nueva detención, dejó de predicar en la calle durante un período prolongado y recién volvió a hacerlo durante Semana Santa.
Sus abogados afirmaron que esta situación generó un efecto intimidatorio sobre su libertad de expresión, especialmente tratándose de un predicador callejero que ejerce públicamente su fe.
El pastor ahora evalúa posibles acciones legales contra la policía, argumentando que se violaron sus derechos y que las autoridades no actuaron con el mismo rigor frente a amenazas que él mismo denunció posteriormente.
Mientras la investigación contra Moodley seguía abierta, el pastor volvió a predicar en Broadmead el 4 de abril, centrando su mensaje en la resurrección de Jesucristo.
Durante esa predicación, un transeúnte musulmán se molestó por las comparaciones que Moodley realizó entre Jesús y Mahoma. Según el pastor, el hombre hizo comentarios que él interpretó como una amenaza.
Moodley denunció el hecho ante la policía y afirmó que existía grabación del incidente. Sin embargo, los agentes concluyeron que los comentarios no constituían delito y que no había pruebas suficientes para avanzar.
Esa respuesta llevó al pastor a acusar a las autoridades de aplicar un doble estándar: por un lado, arrestarlo a él por predicar; por otro, negarse a investigar comentarios que, según su versión, representaban una amenaza directa.
No es la primera vez que Moodley enfrenta problemas legales por su predicación pública. En marzo de 2024 ya había sido arrestado cerca de la Universidad de Bristol después de hablar sobre el islam y afirmar que el sexo biológico es binario. Esa investigación también terminó archivada.
Además, en 2021 la policía le había impuesto restricciones sobre sus comentarios acerca de otras religiones y sobre la posibilidad de predicar sin autorización previa.
Para sus defensores, estos episodios muestran un patrón preocupante de censura hacia expresiones cristianas en espacios públicos, especialmente cuando tocan temas religiosos o culturales controvertidos.
El abogado de Moodley, vinculado a Alliance Defending Freedom International, sostuvo que el caso refleja un problema más amplio en el Reino Unido: leyes de orden público y delitos de odio que, según su interpretación, pueden terminar usándose para restringir discursos religiosos legítimos.
Desde esa perspectiva, el archivo de la causa es positivo, pero no resuelve el problema de fondo. La preocupación es que otros predicadores puedan autocensurarse por miedo a ser denunciados, detenidos o investigados simplemente por expresar doctrinas cristianas tradicionales.
Moodley sostiene que continuará predicando el Evangelio públicamente, convencido de que su llamado no puede quedar sujeto al temor o a la presión cultural.
Para muchos cristianos, el caso vuelve a plantear una pregunta urgente: en una sociedad cada vez más sensible al discurso religioso, ¿hasta dónde se protege realmente la libertad de proclamar la fe en público?







