En el marco de una convocatoria nacional de oración en Estados Unidos, un pastor de California compartirá un testimonio marcado por uno de los días más traumáticos de la historia reciente del país: el atentado a las Torres Gemelas.

Andy Deane, actual pastor principal de Cornerstone Community Church, en Wildomar, California, participará este domingo en el evento Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving, que se realizará en el National Mall de Washington D. C.

La iniciativa busca llamar a la nación a un tiempo de oración, gratitud, arrepentimiento y unidad espiritual, en conexión con los 250 años de una histórica convocatoria del Congreso Continental a un día de humillación, ayuno y oración.

A Deane le pidieron hablar dentro de una sección titulada “Frente al terror”, y allí compartirá cómo una experiencia límite durante el ataque al World Trade Center se transformó en un punto decisivo para su vida espiritual.

El día del atentado a las Torres Gemelas, Deane tenía 19 años y era estudiante en la Universidad de Nueva York. Aunque había crecido en un entorno cristiano, reconoce que en esa etapa estaba viviendo lejos de Dios.

La mañana del ataque, se encontraba cerca de la zona del World Trade Center. Lo que al principio parecía confusión y humo pronto se convirtió en una escena de terror. Tras el colapso de una de las torres, Deane corrió junto a muchas otras personas mientras una nube espesa de polvo y escombros cubría las calles.

Buscando refugio, terminó dentro de una tienda cercana junto a un pequeño grupo de personas. El aire se volvió casi irrespirable, la oscuridad lo envolvía todo y la sensación de muerte parecía inevitable.

Fue en ese momento, convencido de que quizá estaba a minutos de encontrarse con Dios, que recordó el Evangelio que había aprendido desde niño.

Deane ha contado que, mientras estaba atrapado, comenzó a orar y pedir perdón. No lo hizo desde una posición de seguridad espiritual, sino desde la conciencia de haber estado viviendo en rebeldía.

Esa fue, según su testimonio, la paradoja que más lo impactó: sentirse indigno de pedir misericordia y, al mismo tiempo, experimentar la paz de Dios en medio de una situación imposible.

Para él, aquel instante no fue simplemente una reacción emocional ante el miedo. Fue el comienzo de un regreso real a Cristo.

El pastor afirma que, si el perdón pudiera sentirse físicamente, él cree que lo sintió ese día. En medio del humo, la culpa y el terror, entendió de una manera nueva que la misericordia de Dios no se basa en el mérito humano, sino en la gracia.

Después de ese momento de oración, algo cambió en su interior. Deane dejó de pensar únicamente en su propia supervivencia y comenzó a pedirle a Dios que le mostrara cómo ayudar a las personas que estaban a su alrededor.

Recordó entonces un edificio cercano y, guiado por esa impresión, salió nuevamente al humo. A pesar de la falta de visibilidad, logró llegar al lugar y consiguió que abrieran la puerta. Luego ayudó a trasladar allí a otros sobrevivientes para que pudieran respirar y resguardarse.

Más tarde, continuó colaborando con bomberos y otras personas en la zona devastada.

Para Deane, esa secuencia resume una verdad central de la vida cristiana: quien recibe misericordia también es llamado a servir. La fe no puede quedar reducida a una idea interna; debe expresarse en amor concreto al prójimo.

El pastor reconoce que su restauración espiritual no fue instantánea. Después del atentado, todavía tuvo que atravesar un proceso de arrepentimiento, abandonar hábitos destructivos y ordenar su vida delante de Dios.

Pero aquel día quedó marcado como el momento en que dejó de huir.

Hoy comparte su historia con una intención clara: hablarle a quienes se sienten lejos de Dios, atrapados en culpa o sin propósito. Su mensaje es que nadie está demasiado lejos para clamar al Señor.

En sus palabras, Dios lo encontró en su hora más oscura, no porque lo mereciera, sino porque Dios es misericordioso.

La participación de Deane en Rededicate 250 no solo apunta a recordar una tragedia nacional. También busca conectar ese testimonio con la necesidad actual de humildad, oración y reconciliación en Estados Unidos.

El pastor considera que el país necesita recuperar una actitud más humilde, menos centrada en señalar al otro y más dispuesta a reconocer su propia necesidad de Dios.

Para él, el fruto real de una convocatoria espiritual no se mide solo en la cantidad de asistentes, sino en vidas transformadas: personas más dispuestas a escuchar, amar al prójimo y volver al Señor con sinceridad.

En un tiempo de división, su testimonio vuelve a poner sobre la mesa una verdad sencilla pero poderosa: aun en medio del terror, la oscuridad y la culpa, Dios sigue respondiendo al clamor de quienes se vuelven a Él.

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