Rodrigo Tapari

¿Por dónde empezaste a resolver esos problemas?

—Me entregue a Dios. Fue un antes y un después. Dije: “Señor, acá estoy, si ésta es la solución hacé lo que quieras conmigo”. Salí de ahí totalmente distinto. Y la primera decisión que tomé y que dejé en manos de Dios fue el alcohol. “Señor, no quiero tomar más”, dije. No lo podía manejar. Y cuando pedí eso, que lo pedí de todo corazón, sentí el abrazo de Dios: “Quedate tranquilo, yo lo voy a hacer. No hagas nada más que dejarlo en mis manos”.

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