Palabras: la última frontera

¿Acaso es lo mismo sentirse triste que angustiado, compungido, deprimido, ofuscado, desmotivado, culposo, fastidioso, irritado, indignado, abrumado, amargado, melancólico, apático, contrariado, desalentado, desganado, disgustado, fracasado, perturbado, nostálgico, resignado o turbado? 
Clara Plesniak, Lectores, Clarín, 4 de febrero de 2018

Una perpleja lectora escribe acerca de algo que considera peligroso: que se acaben las palabras. Cada vez, explica, usamos menos palabras para describir el mundo e incluso para hablar con uno mismo. Habiendo tantas palabras para referirse a un sentimiento similar – como en el ejemplo que nos brinda – se pregunta que pasaría si hiciéramos esa misma reducción con cada acontecimiento de nuestra vida.
Hace unos veinte años planteaba yo esta misma cuestión en un programa que conducía en una emisora en Chile. No presumo de revelaciones anticipadoras pero hace dos décadas una persona sensible podía percibir cómo el vocabulario se iba reduciendo peligrosamente (para seguir la idea de Clara).
Guillermo Blanco, escritor, periodista y académico chileno ya advertía que los estudiantes universitarios de esa época manejaban un vocabulario sensiblemente menor que el de sus colegas de veinte o treinta años antes. Hace ya casi una década que don Guillermo no está entre nosotros y presumo que se sentiría aterrado de cuánto ha crecido esa brecha en nuestros días.
Pesimista como soy la mayor parte del tiempo veo bastante difícil que esta tendencia se pueda revertir. Todo hace pensar que, merced a dispositivos de inteligencia artificial cada vez más complejos y completos, la palabra se irá haciendo cada vez más prescindible.
Las cosas adquieren un tono bastante más sombrío si se piensa que no sólo se está reduciendo la cantidad de palabras que el promedio de la gente maneja sino que los vocablos mismos, debido a la velocidad que exigen hoy los mensajes de texto, se están abreviando cada vez más. El ejemplo que sigue es un poco extremo, pero propongo a mi amable audiencia la tarea de descifrar el contenido del siguiente mensaje que, según me hacen saber, es auténtico:
xq t vas? yo tqm xro no t puedo sprar xa smpre
Para estar a tono con la costumbre argentina de cortar palabras a la mitad, me permito cerrar esta nota con el mensaje siguiente:
El otro finde, después de la pile, juntada a ver una peli de Netflix en la compu con Facu y Fabi. Meli trae una muza y las cocas. 

Escritor .

Benjamín Parra

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